Voló la mariposa, pero sus brillos, su alegría y espíritu libre quedarán en mi memoria. Nos dejó la Reina del Country, pero sus historias y su voz arcoíris, que me acompañaron sesenta años, seguirán dando calor y color a mi vida.
Mis recuerdos de Dolly Parton (1946 – 2026) se remontan a finales de los sesenta cuando la vi en The Porter Wagoner Show. Durante tres décadas desfilaron por el famoso programa televisivo del popular cantante muchos de los grandes del country contagiándome la afición que conservo a este género musical. Pero entre tantos, y ya es decir, mi favorita fue la que se convertiría en la indiscutible Reina del Salón de la Fama de la Música Country.
Cuentan que Porter Wagoner fichó a Dolly tras escuchar su primer álbum “Hello, I’m Dolly”. Lanzado en 1967, con sólo dos canciones “Dumb Blonde” de Curly Putman y “Something Fishy” escrita por ella, oyéndolas hoy resultan premonitorias. La primera, con su estribillo “just because I’m blonde don’t think I’m dumb”, anticipa las maneras que mostraría en su vida. La segunda parece la antecesora de su afamada “Jolene”. Ambas reflejan el carácter de la mujer que fue lo que quiso ser, sin pedir permiso, sin disculparse, con una naturalidad pasmosa y un talento extraordinario.
Junto a sus innatas dotes musicales, su acento sureño y su inconfundible voz melódica y cálida, pronunciando cada palabra con una dicción cristalina, lo que más me atrajo de Dolly Parton fue su rebosante naturalidad. La autenticidad que impregna todas sus composiciones, la magistral sencillez con la que interpretaba cualquier canción y su inigualable personalidad. Un modo de ser y estar que convertiría a una niña de apenas un metro cincuenta en una estrella mundialmente reconocible.
Tras esa imagen única de estilo exuberante, cardadas pelucas rubias, brillos y tacones de vértigo, había un personaje irrepetible; cantante de voz prodigiosa, autora de mil y una historias de la vida cotidiana, actriz, esposa leal y celosa, ambiciosa mujer de negocios y notable filántropa. Todo un personaje forjado a pulso desde la niñez sin que el éxito nublase la sencillez y bondad que irradiaba, ni le llevase a olvidar sus orígenes, creencias y principios como demostró en tantas de sus canciones, especialmente en «Coat of Many Colors«; su favorita. Tampoco las dificultades apagarían la alegría y espíritu libre que, desde cría, imitó de las mariposas hasta convertirlas en su sello.
Al contrario, Dolly Parton siempre manifestó atesorar estos valores adquiridos desde su nacimiento en 1946 junto a sus padres y doce hermanos en una humilde cabaña de las montañas de Tennessee. De hecho, esos valores, no exhibidos sí mostrados con naturalidad, cimentaron su trayectoria e inspiraron gran parte de su extensa producción artística. Muchos son los títulos que me vienen a la memoria fruto de siete décadas de una carrera artística cuajada de éxitos, premios y reconocimientos. Pero entre tantas y tan buenas composiciones sólo mencionaré la que creo mejor refleja cómo era Dolly Parton.
Tras siete años formando pareja exitosa con su mentor, Porter Wagoner, en 1974 Parton le indicó su deseo de iniciar su carrera en solitario. Vista la resistencia de Porter y queriendo una separación amistosa, Dolly hizo lo mejor que sabía, escribió una canción, la balada country “I Will Always Love You”. Fue a su oficina y se la cantó. Porter, rompiendo a llorar aceptó la ruptura con la condición de producirla. La canción alcanzó el número uno. Después llegaría otra dura decisión cuando su muy admirado Elvis Presley quiso grabarla. Dolly se entusiasmó, pero cuando el mánager de Elvis, Coronel Tom Parker, exigió la mitad de los derechos publicitarios Dolly, muy a su pesar, se negó.
Pasado el tiempo, en 1992 Whitney Houston grabó una versión icónica de la canción para la banda sonora de la película “El guardaespaldas”. Alcanzó un éxito rotundo convirtiéndose en uno de los sencillos más vendidos de todos los tiempos. Emocionada y agradecida a Whitney destinó las ganancias a construir una empresa con estudio de grabación no en el Music Row donde se concentra una de las mayores industrias de música del mundo, sino en el barrio afroamericano de Nashville. Así era Dolly Parton.
No soy de los del famoso lema “If it ain’t country, it ain’t music”, pero sí fiel entusiasta de la música country, especialmente de dos de sus figuras emblemáticas; Johny Cash y Dolly Parton. Casualmente aquel presentaría a la debutante de 13 años Dolly en el sin par Grand Ole Opry cuando se radiaba desde el legendario Ryman Auditorium conocido como «Mother Church of Country Music«. Aclamada por el público, Cash la instó a perseguir una carrera musical. Dolly Parton lo cumplió hasta convertir su nombre en leyenda sin dejar nunca de innovar como volvería a demostrarlo a los 76 años; ¡al grito de “and you thought I couldn’t rock!», interpretó su canción “Rockin” compuesta para merecer su ingreso en el Salón de la Fama del Rock and Roll.
Sea cantando folk, country, bluegrass, pop, góspel o rock, la música de Dolly Parton siempre me acompañará. Que Dios, al que tantas veces agradeciste tu talento, te acoja como mereces. Descansa en paz.
