Cuando creer se hace cuesta arriba y al entendimiento, asaltado por la duda, no le basta la voluntad movida por la gracia divina, no está de más recurrir a la poesía.
Esa respuesta libre del ser humano a la iniciativa de Dios que se revela y que conocemos como Fe no se cumple en un único acto personal. Una vez que la decisión consciente es tomada y asumida, comienza quizás lo más difícil; conservarla a lo largo de la vida superando las pruebas terrenales sin dejar que el mal corrompa la creencia. De ahí que san Pablo, poco antes de su martirio, en su última carta, la dirigida a su discípulo más cercano a modo de testamento espiritual, le dice: “He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.” (2 Timoteo 4,7)
No, no basta con un puntual «sí creo». Siendo tantas las adversidades mundanas que acechan la fe, conservarla, aun contando con la indispensable gracia, exige fuerza y perseverancia en un combate cotidiano en el que la voluntad, movida por la gracia, debe imperar sobre el entendimiento. Y si muchas son las trabas y tentaciones externas, si acaso, mayores son los escollos que nacen de nuestro interior, de esas dudas que nos asaltan surgidas de un recelo que evidencia las debilidades de nuestra fe cuando no hayamos la respuesta esperada. Véanse dos ejemplos que destacan por comunes; el silencio de Dios y el sentimiento de ser tratados injustamente.
Sin duda, para ambas causas podremos encontrar detallados y sesudos análisis de expertos, pero, a mi entender, no menos profundas y más empáticas son la reflexiones que nos ofrecen los poetas. Por ello hoy comparto dos poemas recogidos en la preciosa obra “Dios en la poesía actual (Antología)” editada en 2018 por José Luis Cabanillas y Carmelo Guillén Acosta en la colección Adonáis de Rialp.
En el primer poema titulado “Fe”, el ya maduro Miguel D’ors (Santiago de Compostela, 1946), sintetiza, con cierto humor gallego, lo que podríamos llamar «la difícil fe del silencio». En el segundo poema, “Oración por nosotros los poetas menores” un entonces debutante poeta, Enrique García-Máiquez (Murcia, 1969), autorretrata su actitud ante el dispar reparto divino de talentos.
Aquí dejo los textos estimado lector confiando le sean de provecho.
“Fe”
Como no creer en Ti viendo al Mar Rojo abrirse, y luego aquellas fauces que se cierran inmensas devorando caballos, carros y caballeros. Quién iba a resistirse. O cuando sobre el monte llueve con una escolta de truenos y relámpagos la palabra del Cielo. Y qué imposible no caer de rodillas viendo a Jesús andando sobre el agua, a los ciegos estrenando la luz, a los leprosos con su lifting sonrosado, a los mudos cantando gloria a Dios, a Lázaro saliendo por su pie de la muerte, y no digamos nada si un cadáver a los tres días vuelve a hablar con uno y le pide que meta el dedo en sus heridas.
Qué fácil. Lo difícil, la verdadera Fe es esto de escucharte cuando callas, seguir creyendo en Ti cuando te has puesto este disfraz de Nada y, escondido detrás del escenario como si no pudieras cualquier cosa permites (sonriéndote seguro) que los hombres vayamos manejando de esta manera absurda la vida, el mundo, el siglo XXI.
«Átomos y Galaxias», 2013. Miguel D´ors.
“Oración por nosotros los poetas menores”
¿Qué nos darás, Señor, a los que no tenemos de recompensa el fruto? Tú sembraste con mimo en nuestras almas secas esta semilla amarga que florece en palabras. Nos creaste poetas sabiendo que era escaso nuestro escaso talento. Nosotros trabajamos dejándonos la piel del orgullo en las cercas de espino que protegen las lindes del talento. Oh Dios, que no quisiste que todos fueran águilas ni que todos alondras e hiciste gorriones, sonríe con los versos pequeñitos y grises con los que te piamos. Recuérdanos, a veces, que nos quieres así, cantando y encantados. Líbranos de la envidia y enséñanos a verte en las obras de otros.
Y, Padre Nuestro, danos, sin que nos demos cuenta, la luz de esas verdades que niegas a los sabios.
«Haz de luz», 1997 Enrique García- Máiquez
