Tiempo de Salves

La silente esperanza de la Natividad de la Virgen María invita a las alabanzas y plegarias que tantas voces elevan por estas fechas en tantos santuarios como el de la Virgen de Guadalupe de Fuenterrabía – Hondarribia.

Estar envuelta en un profundo y plácido silencio no ha impedido que la Natividad de la Virgen sea gozosamente celebrada en todo el orbe cada 8 de septiembre. Al contrario, la esperanza que encierra misterio tan insondable que escapa al intelecto humano, ha propiciado que sea una de las fiestas marianas más antiguas y populares.  Porque, entre tanto enigma, aquel extraordinario nacimiento permitió el cumplimiento de una promesa largamente esperada; la llegada del Mesías. Así, la Virgen anunciada en el Antiguo Testamento, quedaría silenciosamente inserta en el corazón mismo de la Historia de la Salvación inaugurando el tiempo de esperanza y gracia que traería su Hijo.

Con esta esperanza y la confianza en su poderosa intercesión, cada año, cuando la luz se va dorando, sus hijos mundanos acudimos a nuestra Madre Celestial con la alegría con la que su Natividad anunció la venida del Salvador. Preparando su festividad, en santuarios de todo el orbe se celebran novenas y entonan versiones de la antiquísima antífona del Salve Regina que se canta al final del rezo de las Completas.

Formando parte de este peregrinar universal cada 31 de agosto en la histórica Fuenterrabía da comienzo la novena dedicada a su patrona Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Por encima de los agitados preparativos del día grande de su ciudad, los hondarribitarras acuden al Santuario de Guadalupe erigido en lo alto de la ladera del monte Jaizkibel, en los confines de Guipúzcoa, para estar junto a su Madre. Allí donde, el 8 de septiembre, fieles a la promesa que hicieron a sus antepasados, le renovarán el voto de agradecimiento por su intercesión en la liberación del asedio francés al que fueron sometidos en 1638.

Al despuntar el día, desde el “valle de lágrimas”, como reza la Salve, se asciende al santuario suspirando e implorando alguna gracia o intención. Pues, aunque el silencio de la Natividad esté hoy más apagado si cabe por el ruido de la fiesta y sus alardes, aún son muchos los que acuden confiados a la Virgen y escuchan o cantan la Salve con devoción. Saben, o descubren, que es “abogada nuestra” y que, al igual que el tenue calor del sol ayuda a la tierra a dar fruto, gracias al silente sol que es María fructifican profundos anhelos y buenos pensamientos.

Con estos sentimientos, cargados de recuerdos o de expectativas, subir al alba al santuario, cuando los campos comienzan a otoñar, es toda una vivencia con muchas gracias añadidas. Ascender a pie, como hacía de joven, caminando por atajos de prados y matorrales entre marojos, helechos, robles y zarzamoras, o subir en coche, como hago ahora, es en sí mismo un regalo. Llegar a Guadalupe acompañado del repicar de campanas, orar ante la preciosa talla de la Virgen y del principal tesoro, el sagrario, donde nos aguarda su Hijo, y ser partícipe de la Salve Popular cantada por los fieles bajo el Cristo crucificado suspendido en el transepto del templo, bien merece madrugar.

Acabado el oficio, templada el alma y alimentado el espíritu, contemplar los paisajes que ofrece la luz del día es otro regalo. A los pies del santuario la bahía de Txingudi que baña la ciudad, formada por la desembocadura del río Bidasoa haciendo frontera natural con Francia, con el pico Larrún y las Peñas de Haya asomando al fondo es un panorama excepcional. Tanto como el que se puede contemplar más al norte tejido por los tonos verdes de la montaña y los azules del cielo y del mar, donde el golfo de Vizcaya acoge en sus costas al océano que golpea acantilados y barrancos entre el graznido de gaviotas que revolotean sin cesar.

Y para completar este tiempo de salves nada mejor que acudir el 7 de septiembre a la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción y del Manzano. Tras la misa y el solemne Te Deum, bajo la maternal mirada de nuestra Madre la Virgen de Guadalupe, podrá escucharse la maravillosa versión del la Salve para coro y órgano que le compuso Hilarión Eslava.  

2 comentarios sobre “Tiempo de Salves

  1. Muy bonito y sentido. Yo he sentido no haber podido subir éste añoUn fuerte abrazo  Tu cuñada la averiada

    Yahoo Mail: Busca, organiza, conquista

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