Europa a la deriva

Proclamada como gran avance, la resolución aprobada por el Parlamento de la UE a favor del derecho al aborto evidencia el alejamiento de Europa de aquella que fue, de base cristiana, cuna de la civilización occidental.

Entre las acepciones registradas en el diccionario de la RAE del término “a la deriva”, para definir el devenir de la UE habría que combinar varias, por ejemplo: Dicho de navegar o de flotar sin dirección o propósito: A merced de la corriente, del viento o de las circunstancias. Así, llevada de las pulsiones de una aburguesada izquierda militante con querencias comunistas, y un liberalismo individualista y materialista, ambos más paganos que laicistas, rindiendo culto al cuerpo y al mercado, Europa ha ido minando sus cimientos convirtiéndose en un ente sin médula espinal al albur de ideologías e intereses de élites mundialistas.

Sea debido a la indolencia generada por el bienestar, la aridez cultural reinante, la frívola adhesión a lo que se venda como moderno o progresista, la mera conveniencia, o todo ello a la vez, la resultante es que la UE se sustenta en una precaria mezcolanza ideológica expuesta a todo vaivén. Licuados principios y valores que forjaron el faro de la civilización, hoy la UE es terreno abonado para que cuajen ideas irracionales y arbitrarias.  

Es el caso de la resolución aprobada por el PE instando a que se consagre el derecho al aborto en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE. Leyendo el farragoso texto, que es una penitencia, se constata el confuso cúmulo de tópicos e ideas políticamente correctas que lo inspiran, contumazmente reiteradas en el lenguaje de la posverdad. Apoyándose en citas de entidades pro aborto de la órbita del multilateralismo progresista dominante, sólo hay que leer su primer considerando para hacerse una idea de lo muy degradado que está el antaño foco de la cultura mundial.

Partiendo de que el eje del argumentario y su propuesta básica es que se reconozca derecho tan vago como “el de toda persona a la autonomía física”, concepto propio de la ideología de género, la resolución no busca tanto procurar que las mujeres puedan abortar en condiciones accesibles y seguras, sino, instrumentando materia tan sensible, aspira a revertir a toda costa la creciente oposición a dicha ideología. Muestra clara es la extensión del texto dedicada a manifestar preocupación y proponer medidas para frenar el retroceso que considera está dándose a nivel mundial “coordinado y bien financiado en materia de igualdad de género, diversidad LGBTIQ+ y feminismo…” promovido por “fuerzas regresivas y agentes religiosos ultraconservadores y de extrema derecha… “.

A tal efecto, la resolución, primero reitera el argumentario ideológico incorporando algún “avance”, como incluir entre los beneficiarios del aborto además de las mujeres y niñas a “cualquier persona que pueda quedar embarazada”. Seguidamente, tras deshacerse en loas con Francia por su reciente reforma constitucional pro derecho al aborto, dedica más de la mitad del texto a señalar y criticar a países más retrógrados así como a  proponer acciones ofensivas y defensivas. Entre estas insta a que la Unión adopte medidas para eliminar la “criminalización del aborto” y pide a los Estados que supriman sus restricciones y a los gobiernos que aumenten el gasto en programas, estructuras y organizaciones activas en materia de ideología de género.

A la par expresa preocupación por el número de médicos que se declaran objetores de conciencia y por el importante aumento de la financiación de grupos contra la igualdad de género y el aborto en el mundo. Y, en todo un alarde de libertad de opinión y tolerancia, pide a la Comisión que haga uso de todos los instrumentos disponibles para garantizar que estos grupos no reciban financiación de la Unión.

Para concluir sólo mencionaré una curiosidad. Señalándose a EE. UU. entre los estados en retroceso respecto del aborto, ¿por qué se silencian países mucho más restrictivos como los de mayoría musulmana? Idéntico silencio se hace sobre las nuevas directrices del Gobierno chino para reducir los abortos no necesarios médicamente. ¿Será que se basan en criterios de “planificación familiar”, como los que inspiraron en 1920 en la Unión Soviética la primera regulación del aborto voluntario y gratuito?

Siendo ideas comunistas, que tanto han calado en la progresía liberal europea, no les deben parecer mal. Entonces, para los comunistas, la institución tradicional familiar se consideraba uno de los tres pilares que sostenían el edificio burgués; hoy, para los promotores de la ideología de género, como los progres son burgueses, cuando no millonarios, si bien el pilar a derribar es el mismo, han sustituido el edificio de la burguesía por el de la  antropología.

Considerando que la UE navega a la deriva según le lleven las corrientes, ¿quién sabe?, igual acaban imitando a Stalin que, en 1936, para fomentar la natalidad, decreto la prohibición del aborto. Quizás termine sucediendo como en China donde, si antes obligaban a las mujeres a abortar ahora les piden que tengan hijos. Tiempo al tiempo.

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