Paz en la oficina

Si la escasez es determinante del valor, siendo el buen ambiente laboral uno de los aspectos más apreciados por los empleados y más valorados por quienes buscan empleo, cabe pensar que los trabajos que gozan de esta cualidad no abundan.

En tiempos en los que se habla tanto de paz y protección del entorno no deja de ser llamativo que, si bien el salario sigue siendo una de las condiciones más importantes a la hora de buscar trabajo, el buen clima laboral ocupe un lugar tan destacado. Cabría pensar que se debe a que hoy en día la paz, la armonía entre las personas, que es la esencia de un entorno laboral sano, es un bien más apreciado que antaño, pero no creo que sea la explicación. Primero porque la convivencia pacífica siempre ha sido un anhelo humano, pero sobre todo porque, de ser así, el bien abundaría más. Si la sociedad hubiese avanzado tanto en términos de convivencia como de confort por ejemplo, la conflictividad sería menor y los entornos laborales con buen ambiente más frecuentes.  

Quizás una explicación del déficit de concordia en sociedades tan “preocupadas” por la paz y la salud del planeta radique en la idea de paz y de entorno que tanto se pregonan. La inclinación a confundir la paz con la ausencia de guerra y el entorno con animales y bosques lleva a las personas ajenas a formas de violencia extremas y destrucciones masivas de la naturaleza, a sentirse con fuerza moral para apoyar causas pacifistas y ecologistas. Y no está mal que así sea, pero siempre que no olviden, cosa frecuente, que el concepto de paz y de armonía con el entorno no se limita a dichos extremos como la libertad no se reduce a no estar preso, ni la salud a no estar moribundo. La coexistencia pacífica no se circunscribe a perseguir la ausencia de guerra o la conservación de los océanos, también y principalmente debe cultivarse en la vida personal cotidiana.

Siendo todos los ámbitos importantes a la hora de promover las buenas relaciones humanas y ambientales, uno destacado es el laboral por la relevancia que tiene en el desenvolvimiento de la persona. Aparte de que dedicamos al trabajo gran parte del día y que de él dependen nuestros recursos, resulta esencial para realizarnos, satisfacer no pocas expectativas y establecer vínculos personales. Por tanto, el que un entorno tan decisivo para nuestro devenir sea amigable y esté lo menos contaminado posible resulta vital. De ahí que no estaría de más que tantas empresas como empleados que hacen gala de su pacifismo sostenible, sin renunciar a ello prestasen mayor atención a promover en su día a día un mejor clima laboral.

No dan estas líneas para adentrarnos en las causas que degradan los ambientes laborales por ser muchos y variados los elementos nocivos que influyen. Pero si tuviese que subrayar algunos me inclinaría por todas aquellas actitudes personales y de la organización que contribuyen a generar insatisfacción. ¡Cuántas personas hay que no están satisfechas ni con su trabajo ni con sus logros!, ¡cuánta crítica soterrada  genera entre compañeros, subordinados y jefes! y ¡cuánta cizaña alimenta! Aparte del insatisfecho empedernido, seres resentidos de difícil tratamiento, las insatisfacciones pueden derivar desde la generación de falsas expectativas, pasando por agravios comparativos, cuando no claras injusticias, hasta la falta de adecuación de las habilidades y conocimientos a la tarea desempeñada. Causas todas ellas que fomentan malestares en muchos casos evitables o mitigables reduciendo la conflictividad y mejorando el ambiente laboral. Sin embargo, salvo excepciones, que siempre las hay, la reacción más frecuente al descontento acostumbra a ser más negativa que positiva. Se tiende a la agrupación de insatisfechos enfrentados entre sí  o con los que estiman más afortunados. Grupos que no sólo no resuelven nada sino que retroalimentan estados de conflictividad induciendo entornos laborales insalubres.

Ciertamente alcanzar una armonía plena no está a nuestro alcance, aquello de “descanse en paz” no es un mero formulismo, pero contribuir a mejorar el ambiente del trabajo no debería ser un imposible. Sin entrar en grandes reajustes organizativos, a veces indispensables, la mera voluntad de promover un mejor clima laboral con actitudes como ser amable, echar una mano, respetar el trabajo ajeno y valorarlo o ponerse en el lugar del otro, son grandes pasos para lograr más paz en la oficina.

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