Sentimientos desvelados

A veces tipos sencillos, con palabras sencillas, afloran ocultos sentimientos populares que sesudos analistas apenas valoran. Quizás ello explica el impacto musical y político alcanzado este verano en EE.UU. por el cantante novel Oliver Anthony.

Desde el profundo mundo rural de Virginia, el cantautor de música country Oliver Anthony ha sorprendido a propios y extraños con su canción Rich Men North of Richmond. Si musicalmente ha logrado el hito de ser la primera vez que un debutante alcanza el número uno del Billboard Hot 100, ranking que incluye las canciones más escuchadas de todos los géneros, políticamente ha generado un revuelo extraordinario. Porque “Hombres Ricos al Norte de Richmond” no es una canción protesta más. No se limita a criticar sin ambages a las élites que ostentan el poder en Washington, a 175 km al norte de Richmond. Con la misma simplicidad que crudeza, parece haber dado con las claves de la frustración que sienten los millones de trabajadores americanos que se han identificado con las sencillas estrofas de la canción alzándola a un éxito sin precedentes.

Christopher Anthony Lunsford (1992),​ que tomó el nombre de Oliver en memoria de su abuelo, ha invadido el espacio musical y político con una suerte de lamento country reivindicativo salido de las profundidades de una remota granja donde compone música en sus ratos libres. Originario de Farmville, una pequeña localidad al oeste de Richmond, sus canciones no son sino el reflejo de una juventud que se siente descartada. Abandona el instituto a los 17 años, trabaja en diversas fábricas con turnos duros y salarios bajos,  hasta que, un grave accidente, le lleva a volver a su Virginia natal buscando refugio en una granja retirada. Tras superar problemas de salud mental y abuso del alcohol, encuentra trabajo como empleado de ventas y decide tomarse en serio su vocación musical.

Cual hillbilly influenciado por la música honky tonk del gran Hank Williams, sin otro instrumento que su guitarra resonadora, con una voz ronca, grave y fuerte acento, no exento de buena dicción, Oliver Anthony ha sabido expandir a horizontes insospechados sus sentimientos. Los suyos y los que, según el mismo reconoce, haber conocido en sus viajes de vendedor hablando con agricultores, ganaderos y trabajadores de fábricas e industrias: “La gente está muy harta de ser menospreciada, dividida y manipulada.” Así, sin más medios que su teléfono móvil en el que hace un par de años comenzó a grabar sus canciones subiéndolas a YouTube, gracias a las redes sociales, fue dando a conocer su música hasta que llegó, Rich Men North of Richmond, su primer tema grabado con un micrófono profesional, que se hizo viral.

Atendiendo a sus declaraciones y a la letra de sus canciones, la principal crítica de  Oliver a los  políticos de Washington es su desprecio hacia la clase trabajadora y lo mucho que ignoran la realidad en la que vive la gente como él. Para los hombres ricos al norte de Richmond “tus dólares son una mierda” dice la canción, sólo están interesados en tener todo bajo control, lo que haces y lo que piensas. Pero ahí no acaba, denuncia los contratos basura, los impuestos excesivos, a quienes engordan “ordeñando” el sistema de bienestar y el abandono de los más necesitados. Un olvido que vincula ácidamente a la degradación política señalando I wish politicians would look out for miners/And not just minors on an island somewhere, una referencia  a la isla donde el famoso millonario Jeffrey Epstein invitaba a gentes de la élite a ejercer la pederastia.

Si el retrato que Oliver Anthony dibuja, con frases cortas y palabras sencillas, de los hombres ricos al norte de Richmond es, más o menos acorde a la realidad, queda al juicio de cada cual, lo mismo que si beneficia más a un partido que a otro. Lo que es indiscutible es que ha conectado con millones de americanos que sí se han sentido muy identificados. Tanto como alterados los políticos al verse desvelados sentimientos cuya  invisibilidad creían tener bajo control.

Deja un comentario