En ocasiones los hados y una visión positiva se confabulan y algunas buenas ideas se hacen realidad; entonces apetece compartir la dicha.
Asistiendo el pasado día ocho al VII Congreso Internacional Madrid Subterra me llevé una especial alegría. Si siempre es grato comprobar en los congresos celebrados que una buena idea surgida hace años va cobrando fuerza, constatar que aquel destello que la provocó se ha materializado resulta particularmente satisfactorio. Esa es la sensación que tuve al presenciar la ponencia de la Dirección General de Infraestructuras de Transporte Colectivo de la Comunidad de Madrid sobre la próxima ejecución del primer tunel termoactivado de España en la ampliación de la línea 11 del metro para aprovechar su calor en la climatización del nuevo intercambiador de Conde de Casal.
Según Frank Capra “una corazonada es la creatividad que estaba tratando de decir algo”. No sé si aquello fue lo que se define como “corazonada”; un impulso espontáneo con que alguien se mueve a ejecutar algo arriesgado y difícil. Lo cierto es que la idea no brotó de manera tan improvisada. El terreno en la que arraigó ya estaba bastante trillado pues llevaba tiempo dándole vueltas a la posibilidad de que las ciudades llegasen a ser energéticamente más autosuficientes. Así que, de alguna manera, las piezas ya estaban ahí; lo que hizo que encajasen fue una sensación provocada por algo tan evidente y notorio como urbano; el flujo de calor que salía bajo mis pies de un rejilla del metro.
Efectivamente, fue sentir aquel calor yendo a trabajar hace diez años lo que me inspiró la idea de su aprovechamiento. ¿Acaso no tenía todo el sentido recuperar esa energía residual y hacer mejor uso de ella que verterla a la atmósfera? Al fin y al cabo se trataba de una energía propia y renovable que además de despilfarrarse contribuía al efecto “isla de calor” de la ciudad. La inferencia parecía probable, incluso cabría ampliarla a todas las fuentes potenciales de energía residual que conforman las infraestructuras urbanas; desde las instalaciones de metro y ferrocarril y los túneles para vehículos hasta los sistemas de saneamiento y abastecimiento de agua potable. Pero siendo una idea a priori razonable, no era segura, pudieran darse factores técnicos o económicos que la hicieran inviable; era preciso explorarla en profundidad y contrastarla. Con esta visión y el impulso del Ayuntamiento de Madrid nacería en 2014 la plataforma público privada Madrid Subterra para promover la exploración y aprovechamiento de la energía residual de las infraestructuras urbanas.
Visto el antecedente no creo extrañe que quiera compartir, con tantos como lo han hecho posible, la satisfacción que produce ver cómo aquél calor inservible que se expulsaba por una rejilla ha pasado a ser considerado energía residual renovable perfectamente aprovechable. Sin duda el proyecto de la línea 11 es un gran paso en la visión que los socios de Madrid Subterra vienen promoviendo con tanto empeño. Su convicción y generosa constancia, unida a la apuesta de la Comunidad de Madrid por la innovación, permitirá que este proyecto de vanguardia haga realidad que el metro, además de un extraordinario sistema de transportes, sea fuente de energía renovable.
Algo similar sucedido hace un año cuando la propuesta innovadora de Madrid Subterra acogida e impulsada por el Ayuntamiento de Madrid y el Canal de Isabel II posibilitó la puesta en marcha del proyecto de recuperación de la energía calorífica residual del sistema de saneanmiento para la climatización del Polideportivo de Morataláz. Esta iniciativa piloto, también pionera, abrió otro nuevo yacimiento energético urbano al demostrar que las infraestrucutras de saneamiento, además de cumplir su función esencial, pueden ser un potente proveedor de energía renovable.
Pero si algo quisiera destacar en estos tiempos en los que tantos parecen apostar por el miedo y el alarmismo como fuerza motriz de la transición energética, es que existen otras visiones más optimistas y positivas. Los hitos mencionados son ejemplo de ello. Están permitiendo descubrir y explorar una nueva frontera energética urbana en Madrid y cada vez es mayor el número y diversidad de actores que se van sumando a este reto lleno de oportunidades. Sin esa visión positiva que subyace al compromiso de las administraciones, universidades, colegios profesionales y empresas públicas y privadas que constituyen Madrid Subterra, por muy buena que fuese la idea, nunca hubiese arraigado. Así, junto a la satisfacción, es oportuno subrayar que la innovación además de creatividad exige optimismo, generosidad y capacidad para asumir nuevos retos con los riesgos que ello conlleva. Y ese es el espíritu que caracteriza a los socios y colaboradores de Madrid Subterra, el mismo con el que están demostrando que otras energías son posibles.
