Saber regalar

Días de fiesta, buenos deseos, compromisos, listas de compras que nunca acaban, dudas y prisas. Faltaría un aviso que dijese: “Los regalos tienen mil filos; escoja con cuidado.” Porque saber regalar exige solicitud y atención, es más un querer y conocer que un tener o poder.

Dicen que hay tres cosas que nunca vuelven atrás: Una bala disparada, una palabra dicha y una oportunidad perdida. No sé si los regalos están incluidos, si no es así habría que ampliar la lista. Porque los regalos, una vez entregados, pueden provocar los más diversos sentimientos: honda emoción, grata sorpresa, indiferencia, malestar, rechazo, súbito cabreo o profunda decepción. Lo mismo le sucede a quien regala vista la reacción del regalado, aunque, en este caso, por ser él quien acierta o yerra, la sensación puede resultar incluso más aguda. Quien no haya experimentado estas emociones es que ha sido poco o nada obsequioso u obsequiado; hecho en sí mismo desgraciado por privar de una fuente de vida pues dar y recibir es síntoma de ser y estar vivo.  

Siendo así que el mundo del regalo es tan complejo como emocionante y resbaladizo, cabe preguntarse cual es la clave para acertar. Vaya por delante que me refiero a aquellos que estimo auténticos regalos, esos que sólo persiguen agradar. Porque los otros, los señuelos camuflados de agasajos no me atraen lo más mínimo. Me pasa como al pez del bilbilitano poeta latino Marcial: Muchos regalos derramó, pero todos los puso como cebo en un anzuelo; y, ¿qué pez puede amar al pescador? Dejando pues a un lado dádivas tan carentes de sentimiento como cargadas de interés, retomo mi pregunta; ¿qué asegura el éxito de un obsequio? Supongo que cada cual tendrá sus respuestas, la mía se basa en el ejemplo de unos sabios que están a punto de retornar un año más y a los que profeso desde niño gran admiración y estima.

Del extraordinario legado que nos han dejado los Reyes Magos, cuyo puntual regreso en la noche más mágica del año concita a niños y mayores en miles de ciudades, villas y pueblos, podemos aprender muchas cosas. Entre ellas, cómo regalar. Porque los tres Sabios no hicieron del regalo una obligación o compromiso que requería ser despachado sin más para quedar bien. Al contrario, nadie les esperaba, se tomaron su tiempo, recorrieron largas distancias y sobre todo se interesaron por conocer a quién iban a obsequiar. Así, queriendo, con voluntad y aprecio, escogieron los presentes más apropiados para el Niño: Oro, en reconocimiento de su realeza, incienso como homenaje a su divinidad y mirra, un anuncio de sus padecimientos.

Hasta donde yo conozco nadie ha dudado del acierto de los Reyes Magos con sus regalos, así que, imitándoles, igual también podemos atinar con los nuestros. No se trata de gastar más o menos ni de pretender ser el más original. Dar con el regalo apropiado requiere algo más importante y exigente, ponerse en la piel del obsequiado y hacer del obsequio una muestra de consideración y afecto. Consiste en suma en lograr que el regalo refleje cariño, ese sentimiento que por tímido a veces tanto nos cuesta expresar pero que tanto bueno nos reporta cuanto más lo regalamos.

2 comentarios sobre “Saber regalar

  1. En general, creo que más importante que el valor del obsequio es hacer ver nuestro afecto y conocimernto de sus gustos, a la persona obsequiada.

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