Ser padre

Traía la intención de hablar de la Fiesta del Árbol que por estos lares celebramos con la entrada de la primavera. Pensaba dedicar a esos nobles seres unas líneas a pie de calle. Pero se me adelantó otra festividad, la de San José y el Día del Padre. En ese cruce de caminos los árboles de mi barrio me invitaron a escribir sobre los padres.

Los veo a diario; quietos, silenciosos, leales, esperando pacientemente. Plátanos, olmos, castaños, algún fresno de la tierra, acacias del Japón y de las falsas, aquellas del pan y quesillo, me acompañan a cada paso. Erguidos, inclinados y escorados, de toda edad, estado, origen y condición, queriendo mantenerse firmes, al contemplarlos, me evocaron a los padres. El hilo no fue el que motiva que en tantas culturas simbolicen la paternidad. Pensaba en la figura de San José cuando al  mirarlos caí en que los padres, como los árboles urbanitas, tienden a pasar desapercibidos.

Se habla mucho del padre en su fiesta, pero concluida ésta, la figura paterna, tan a la baja en estos tiempos, retorna a un segundo plano. No entraré en causas ni razones, tampoco en aireadas fobias heteropatriarcales, porque, como a los árboles, me interesan más otras alturas. Prefiero fijarme en lo mucho que aportan que en lo poco que se les valora. Mientras están, avivan el aire que respiramos, elevan nuestra mirada, ofrecen sombra y cobijo, atemperan el paisaje y, cuando faltan, extrañamos su ausencia sobre todo cuando el sol aprieta. Algunos, no pocos, sólo buscan mostrar el lado oscuro de los ejemplares más insanos, sus debilidades y flaquezas, el daño causado por sus ramas o sus frutos. Otros les retratan como seres carentes de emociones. Pero los que de esto entienden, cuyas voces apenas se dejan oír, saben, afirman y reiteran que los padres, como los árboles, son irremplazables.  

Cogidos de su mano, los hijos aprenden de su padre caminos hacia el mundo que sólo la figura paterna puede descubrir. Más que enseñar los padres orientan, indican y sirven de puente entre la familia y la sociedad. Son raíz que permite crecer sin perder la identidad, guías de valores y maneras de expresarlos que sólo un padre puede transmitir y fuente de seguridades que sólo él puede ofrecer. Como los árboles que no han enraizado bien, cuando los referentes paternos faltan o fallan, el crecimiento se resiente y debilita. Surgen ramas inmaduras, brotes inestables con tendencias anómalas origen de peligros y daños que tantas veces no se sabe explicar.

Dicen que a un padre ausente se le busca toda la vida. No sólo es el vacío de quien faltó lo que se anhela sino también el de quien no supo serlo.  Porque la paternidad se gana día a día. Un padre no es un amigo o un compañero, que esos se eligen. Menos aún un jefe impuesto o un mero progenitor, como hoy se pretende promover. Tampoco basta con su sola presencia. Ser padre es algo mucho más profundo y comprometido. La amistad de un padre crece con la edad, se aprecia con el tiempo y nace de la cercanía, el ejemplo, la coherencia, la disponibilidad, el afecto y la confianza.

Ser padre es mucho ser; es estar, enseñar, querer, ofrecer, dejar hacer y confiar. Como un buen árbol, un buen padre es aquel de raíces profundas y copa frondosa que da frutos sanos. Su mayor premio es ver crecer a sus vástagos fuertes y rectos y, con el paso del tiempo,  disfrutar con ellos cuando buscan estar con él  bajo su sombra.

6 comentarios sobre “Ser padre

  1. Javier, me ha encantado!. Los que hemos tenido un magnifico ejemplo, procuramos seguir la senda sin apartarnos de lo aprendido y sentido con los años. En mi caso, después de 11 años de su ausencia física, me siento más unido que nunca a él pues su legado es fuente de inspiración continua para mí.
    Creo que como el buen vino, o mejor, brandy, van posándose en uno recuerdos, interpretaciones y conocimientos de tantos momentos vividos.
    No quiero imaginar, siendo abuelo, como será. Mi padre pudo hacerlo durante unos pocos años con mis hijos y, de nuevo, aprendí de nuevo lo que es ser PADRE elevado al cuadrado!!. Espero poder saborearlo.
    Aprovecho para enviarte un abrazo y animarte a continuar emocionandonos con estas «entradas», que yo llamaría «goles a nuestra conciencia colectiva».

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    1. Muchas gracias por tus palabras Raúl. Son muy entrañables. Hoy acabo de dejar a mis nietos y la verdad es que es todo un privilegio. En su día lo intenté describir en una entrada del Blog «Ser abuelo» pero efectivamente las palabras se quedan cortas. Fuerte abrazo. Javier

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