Amistad

Normalmente estamos tan ocupados ejerciendo de algo que pocas veces nos paramos a pensar en cuantos papeles desempeñamos en la vida. Nunca eché cuentas pero entre familiares, sociales y laborales me salen bastantes. Nacemos con varios puestos  y en adelante no hacemos sino acumularlos. Unos nos vienen dados, gusten o no, otros los elegimos o nos eligen y algunos se conforman con el tiempo. Este último es el caso del papel de amigo, fruto de la amistad; sentimiento tan sutil como complejo.

Lo sorprendente es que seamos capaces de ejercer tantos roles. A primera vista parece un increíble juego de malabarismo en el que cada papel es una pelota que debemos mantener en el aire sin que caiga al suelo. Pero no, la diferencia es que en el juego de los roles todos conforman una única bola si bien con muchas facetas. Así, mientras que en los malabares si una pelota cae no pasa gran cosa, en la vida, cada vez que la bola se estampa, se resiente toda ella y al revés, los éxitos refuerzan los demás papeles. De ahí que, para conservar un saludable equilibrio, haya que prestar mucha atención a cada uno de los roles que desempeñamos. Puestos a buscar símiles, se semeja más al clásico Antón Pirulero en el que cada cual debe estar atento a su juego si no quiere pagar una prenda que, muchas veces, resulta demasiado cara.

No sé si la amistad es el vínculo que demanda más atenciones pero sin duda exige ser cultivada. Se habla de hacer amigos, pero estos más bien nacen y sólo se consolidan si existe interés en conservar la relación afectiva y de confianza que sustenta la amistad. Darse tiempo para conocer y tomar aprecio asienta esta relación. Alguien dijo que sólo podemos llamar amigo a aquel a quien, a pesar de conocer sus defectos e incluso haberlos sufrido, le seguimos teniendo afecto. Porque la amistad es todo un compromiso que demanda mucha paciencia y no poca constancia. Lo que no quiere decir que los amigos deban verse a diario. Ni mucho menos. Los buenos amigos lo son en la distancia y en el tiempo porque siempre van contigo.

En su conocida obra «El principito»,  Antoine de Saint-Exupéry describe magistralmente cómo la amistad llega a formar parte de uno.  Cuando el principito, en su búsqueda de amigos, le pide al zorro que juegue con él, éste le contesta que no puede porque no está domesticado.  — ¿Qué significa «domesticar»? —volvió a preguntar el principito. —Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—; significa «crear vínculos»… Al principio, el principito, como sucede tantas veces, dice que lleva demasiada prisa como para domesticarlo. Pero el zorro le da una lección de amistad. Le va explicando cómo sólo se conoce lo que se «domestica», que las cosas adquieren el valor del tiempo que se les dedica y que se es responsable para siempre de lo que has domesticado, lo mismo que, si se deja uno domesticar, se expone a llorar un poco.

Si la Navidad nos provoca alguna lágrima nostálgica recordando al amigo que se fue pero sigue ahí, también nos ofrece la ocasión de dedicar un tiempo a los que aún podemos seguir «domesticando».  

7 comentarios sobre “Amistad

  1. Me encanta Javier tu reflexión. Efectivamente no importa el tiempo ni la distancia. Los amigos retoman la conversación como si se hubieran visto ayer. Un gran abrazo y continuemos cuidando a los amigos

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  2. Efectivamente; Javier, los amigos no tienen que verse a diario, sólo saber que estás ahí y que en cualquier momento, si nos necesitamos nos damos un silbidito y ….como si nos hubiéramos visto ayer.

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