In memoriam de los gigantes anónimos

En ocasiones, caminando, caigo en la cuenta de con cuantas personas me cruzo a las que no volveré a ver. Es una sensación extraña de lo misteriosa que es la vida. A veces se me antoja que somos como pasajeros de un tren al que un día nos subieron, sin itinerario prefijado, en el que los compañeros de viaje van mudando. Unos permanecen un tiempo, otros surgen y desaparecen o somos nosotros los que cambiamos de vagón, hasta el día en que también nos toca salir del plano. Durante el viaje vamos conociendo a multitud de personas que influyen en nuestras vidas. Supongo que a centenares. Pero también coincidimos con otros muchos miles más que, siendo perfectos desconocidos, sólo son una pequeña muestra de tantos a los que, en mayor o menor medida, debemos algo.

 Hace años, tras una operación, regresando en tren precisamente, me dio por pasar el tiempo pensando en quienes habían hecho posible que recuperase la salud. Al principio fue fácil ir enumerándolos en mi mente pero al cabo de un rato abandoné. Imposible contabilizarlos a todos. ¿Quién había hecho más por mí, el cirujano, el que diagnosticó la enfermedad, su descubridor, el que le enseñó a escribir o quienes inventaron la escritura hace miles de años? Evidentemente la tarea resultaba inabarcable y el ejercicio absurdo. Aunque, bien pensado, no tanto, porque hacerlo de vez en cuando ayuda a reubicarnos; a ponernos en contexto.

Caer en la cuenta de lo interrelacionadas que estamos las personas de todos los tiempos, de la inmensidad de la humanidad y del lugar que ocupamos es importante. Confirma que formamos parte de un todo. Que no hay muchos trenes, sino uno sólo en el que la humanidad viaja desde sus orígenes hasta el fin de los tiempos. Y digo viaja porque, de una u otra manera, todos los que existen y han existido siguen a bordo. Lo sé porque hablo con algunos de ellos y me contestan.

Claro que, según se mire el asunto, podemos sentirnos muy poca cosa, como una gota en un océano, y llevarnos a pensar que somos perfectamente prescindibles. Pero si lo vemos con perspectiva la cosa cambia. Aunque en apariencia pequeños, incluso insignificantes, somos únicos y protagonistas de nuestra propia historia. Pero es que además lo somos de la historia de la humanidad; no sólo dejamos huella en nuestros compañeros de viaje, también nos corresponde dar el relevo a los que nos precedieron a partir de lo que ellos nos aportaron. Visto así la tarea es grandiosa y nuestra vida nada menor. Cosa distinta es tomar conciencia y estar a la altura. De ahí que, para mí, los que asumen la tarea son gigantes. El mero hecho de intentarlo ya les engrandece.

Ahondando en esta idea me viene a la cabeza una cita, siempre atribuida a Isaac Newton aunque originaria de Bernardo de Chartres, del siglo XII, que dice así: “Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes”. Parece ser que Newton escribió esa frase en una carta a Robert Hooke, mencionando a sus predecesores Copérnico, Galileo y Kepler, queriendo indicar que lo que una persona haya podido conseguir se debe a las aportaciones de otros que le precedieron.  

En estos tiempos en los que el adanismo campa a sus anchas, descubriéndose ruedas a diario con grandes alharacas, a la par que se mira al pasado con desdén y desprecio,  tiempos de soberbia alimentada de ignorancia, hacer presente cuanto debemos a tantos es  justo y necesario.

Hoy mi recuerdo no es para los gigantes ya reconocidos sino para todos los gigantes anónimos que han existido, que procuraron hacer su relevo y a los que tanto debo.

2 comentarios sobre “In memoriam de los gigantes anónimos

  1. Hola Javier, no siempre encuentro el sosiego de detenerme en el espacio azulado de tus escritos, pero hoy me reencuentro con esta magnifica afirmación de Chartres y de Newton, que ya compartimos hace algún tiempo, y con tu profunda, entrañable y acertada reflexión que comparto plenamente. Gracias por recordarme la necesidad y el acierto de valorar como merecen los tantos gigantes de nuestras vidas.

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    1. !Qué bonito y que bien escrito Alicia¡ Un placer poder compartir ese recuerdo contigo. Curiosos los lazos que unen a las personas. Muchos más y mejores de los que estamos dispuestos a reconocer. Igual algún día me da por escribir algo sobre lo vergonzosos que somos a la hora de compartir sentimientos. Fuerte abrazo

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