Vidas ejemplares

Si las personas tóxicas nos hacen mal, las buenas edifican y nos hacen mejores, por ello tan importante es tener referentes de bonhomía como difundir los muchos que existen; máxime cuando parece que sólo abundan los malos.

Hace ya décadas paseando por la playa vi a un padre sentado en la orilla que sostenía entre las pequeñas olas a un crío muy menudo de unos tres años incapaz de mantenerse erguido y apenas sostener su cabecita. Volví a verles ese verano y otros muchos comprobando como un padre, con tesón, paciencia, baños y ejercicios iba logrando que su hijo, aquejado de algún tipo de atrofia muscular, fuese enfrentando tan cruel enfermedad. Mi último recuerdo es el del chico, ya adolescente, en pie señalando el horizonte y luego alejándose, caminando con ligera torpeza junto a su padre.  Nunca les llegue a conocer, pero tampoco les he olvidado y siempre han sido un referente.

Como título de esta reflexión tomé prestado el de la famosa colección mexicana “Vidas Ejemplares”. Revista publicada entre los años 1954 y 1974 en la que, en formato de tebeo, se relataban las biografías de insignes personajes de la historia cristiana a la par que la misma editorial Novaro publicaba cómics de superhéroes americanos y personajes de Walt Disney. Dedicada  a difundir la vida de mártires, santos y santas de la iglesia católica “Vidas ejemplares” se anunciaba como una revista de dignificación dirigida especialmente a la niñez aunque también la leían muchos adultos.

Pero si la citada revista sirve de muestra de buen hacer en la difusión de personas extraordinarias que a su paso por el mundo dejaron una estela que admirar, no es preciso remitirse a tan altas cumbres para conocer a referentes dignos de imitar. Sin haber alcanzado notoria santidad los tenemos muy cerca en la vida cotidiana; el caso del padre y del niño citado no es un ejemplo inusual sino mucho más común de lo que pudiera parecer. Basta que en nuestras ajetreadas jornadas nos detengamos un poco a fijarnos en tantas personas que, con todos sus defectos y limitaciones, procuran hacer el bien. Y si prestamos la debida atención descubriremos que no pocos, impulsados por esa fuerza que mueve a las personas a la generosidad, son en verdad ejemplares.  

Cuantos seres humanos hay que, comprometidos con familiares, amigos, compañeros o desconocidos encuentran en procurar el bien el suyo propio, convirtiéndolo con naturalidad en una forma de vida. Y aunque sus acciones puedan parecer pequeñas y poco relevantes, amén de referentes para quienes los conozcan, esta legión de personas admirables son la auténtica fuerza motriz del auténtico desarrollo de la humanidad. Por ello, por ser tan vitales para el bien común, su cotidianeidad no debería justificar que pasen desapercibidos, menos aún para darles por descontados; más bien, justamente por eso, sus conductas merecen ser reconocidas y difundidas.

Así que, cuando oímos hablar tantas veces de que hoy escasean referentes que edifiquen y dignifiquen, igual deberíamos pararnos a pensar que quizás se deba a que se airean más los malos ejemplos que los buenos. Cierto es que cuando acontecen graves desgracias se da mucho espacio a los protagonistas de alardes de solidaridad, pero de vuelta al día a día, se tiende más a realzar lo negativo, a poner el foco en los peores y a mantener en la sombra tantas vidas ejemplares cotidianas. Dar por sentado que los buenos siempre están ahí, que el bien no necesita promoverse, a la vez que se presta tanta atención a los malos ejemplos no sólo genera un panorama desesperanzador sino que acaba por achicar y debilitar la bondad haciéndonos peores.

Tirando de nuevo de recuerdos, allá por los años sesenta y setenta hubo un  programa radiofónico de gran éxito en la Cadena SER, “Ustedes son formidables”, dedicado a destacar el lado bueno de las personas, promover la solidaridad y recabar fondos para ayudar a hacer el bien. No pretendo que dicho formato que marcó toda una época radiofónica sea rescatado, pero sirve también de ejemplo, junto a la citada revista, de cómo sí es posible difundir en la sociedad la bonhomía. Dicho lo cual, nunca debemos olvidar que muy cerca seguro que podemos encontrar y dar a conocer en nuestro entorno no pocas vidas ejemplares.

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