¿Dónde quedó la elegancia?

Habrá quien piense que ser elegante es cosa artificiosa de ricos reñida con lo sencillo. Al contrario, la raíz de la elegancia reside en la sencillez y la naturalidad y poco o nada tiene que ver con el dinero, sí y mucho con tener criterio y saber escoger.

A la espera de la apertura de un comercio, deambulando por una localidad cuyo nombre omitiré, pues no se trata de señalar, me detuve ante un escaparate en el que se exhibían fotografías antiguas. Retrataban la alameda, un par de plazas y varias calles mostrando tanto casas y edificios como escenas cotidianas de los vecinos de una próspera capital de comarca rural. Mi primera impresión fue que todo es susceptible de empeorar.

Sin duda, hoy, la villa, que conserva su prosperidad, estará mucho mejor dotada de servicios públicos, infraestructuras básicas y oferta comercial, pero ha perdido gran parte de su encanto y elegancia natural. Un desarrollismo acultural lo ha invadido casi todo. Durante décadas, a caóticos impulsos carentes de armonía, fruto de una funcionalidad moderna mal digerida, desprecio por el entorno y una insaciable sed especulativa, gran parte de la villa se ha transformado en una suerte de anónimo y vulgar barrio periférico urbano.

Por fortuna, entre el dispar muestrario de edificaciones cuando no anodinas, dignas de un catálogo de mal gusto con pretensiones, aún se conservan algunas que nos recuerdan que la villa fue elegante con carácter y alma propios. Curiosamente, estos restos del naufragio son los más apreciados por los vecinos y los buscados por los visitantes para fotografiarlos. Paradoja que, salvo excepciones, acostumbra a darse en la mayoría de las localidades. Visto positivamente, no deja de evidenciar que, a pesar de todo, aún late en las personas una cierta sensibilidad por lo bello.

Obviamente, este proceso transformador también ha operado en las gentes, en su manera de ser, expresarse y comportarse y me temo que con resultados similares a los descritos para casas y edificios. Centrándonos en la imagen, que es lo que las fotografías me permitían comparar, a la vista de cómo vestían aquellas gentes de las escenas retratadas y observando a los viandantes de hoy, no cabe duda, el retroceso ha sido evidente. Independientemente de su condición social, pues de todas aparecían en la fotos, las personas antiguas eran más elegantes.

Atraídos por reclamos de comodidad, practicidad y desenfado, que se supone les hace sentirse liberados, aunque siguen al dictado las tendencias más chabacanas impuestas por las marcas, gentes de lo más variopinto salen a la calle ataviadas sin el menor sentido de la estética y no pocas veces del pudor, particularmente en verano. Y cuando digo que salen es porque da igual a donde vayan, al supermercado, una iglesia o al teatro. Hoy, en muchos restaurantes afamados los mejor trajeados son los camareros y en conciertos de música clásica los músicos y el director.

Habrá quien piense que la elegancia es cosa artificiosa de ricos reñida con lo sencillo y humilde. Las fotografías antiguas lo refutan. Es justamente lo contrario; la raíz de la elegancia reside en la sencillez y la naturalidad y poco o nada tiene que ver con el dinero; sí y mucho con tener criterio y saber escoger.

La palabra «elegante» viene del verbo latino eligere, que a su vez significa elegir o escoger.  Por su parte el origen latino de la palabra «sencillo» es singellus, diminutivo de singulus, equivalente a singular, es decir, carente de artificio ni composición. Elegante es por tanto quien tiene criterio para saber elegir, por ejemplo, escogiendo lo más apropiado para uno mismo y para cada ocasión, optando por lo sobrio sobre lo vulgar, lo bello sobre lo chillón sin buscar adornos superfluos ni ostentación.

Según Honoré de Balzac El bruto se cubre, el rico se adorna, el fatuo se disfraza y el elegante se viste. Desconozco qué categoría añadiría hoy a su máxima el gran escritor a la vista del panorama, lo que tengo claro es que, como muestran las fotografías antiguas, la elegancia no es sólo una cuestión de ropa, abarca todos los ámbitos. Más que una cualidad es una forma de ser, de pensar y de vivir cuya mayor presencia o ausencia dice mucho de la cultura de una villa o de una sociedad.

Mirando las fotografías, ante mutación de tan mal gusto me pregunté ¿dónde quedó la elegancia?

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